Diversa

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UNA ECORREGIÓN TAN GRANDE COMO DINÁMICA

Formosa es parte del Gran Chaco, una ecorregión tan grande como dinámica, que puede cambiar de apariencia de un año al otro. En territorio formoseño, el contraste entre el Oeste seco y el Este húmedo es impresionante, y esa misma diversidad se expresa en la composición de su población, fruto del encuentro entre pueblos originarios e inmigrantes europeos.

Hay que tomar la 81 para comprobarlo. Porque a medida que se avanza hacia el Noroeste, a ambos lados de la ruta nacional que sirve como columna vertebral de la provincia de Formosa el paisaje va mutando kilómetro a kilómetro. La diversidad paisajística se hace patente de forma notable y esta tierra muestra extrovertida su doble personalidad: completamente húmeda en el Este, decididamente seca en el Oeste, con amplios sectores de transición. Consecuentemente, en un par de centenares de kilómetros los bañados, esteros, riachos y lagunas dan paso a montes duros y espinosos. Porque la región biogeográfica del Gran Chaco, que comprende la totalidad del territorio formoseño, está dividida en dos subregiones: el Chaco Húmedo u Oriental, y el Chaco Seco u Occidental.

La región biogeográfica del Gran Chaco, que comprende la totalidad del territorio formoseño, está dividida en dos subregiones: el Chaco Húmedo u Oriental, y el Chaco Seco u Occidental.

La enorme planicie chaqueña, compartida entre Argentina, Paraguay y Bolivia, es una rareza mundial, ya que es la única área de vinculación entre zonas tropicales y templadas que no constituye un desierto. Geológicamente se trata de la porción más occidental del gigantesco macizo de Brasilia, deprimida cuando surgió la Cordillera de los Andes y paulatinamente cubierta por sedimentos más tarde.

Por esta razón, el Gran Chaco es sumamente plano, con una ligera inclinación que va desde el Noroeste hacia el Sudeste, tal como lo muestra el sentido de los dos grandes ríos formoseños, el Pilcomayo y el Bermejo, que marcan la frontera con Paraguay en el Norte y el límite con la provincia de Chaco en el Sur, respectivamente. Estos cursos nacen en las sierras del sudeste boliviano como ríos rápidos, de montaña, pero al entrar en la llanura se tornan lentos y sus aguas, inicialmente cristalinas y verdosas, adquieren una coloración leonina, casi rojiza, debido a las grandes cantidades de sedimentos que van recolectando en su avance. Su caudal depende de las lluvias estivales, que cuando son muy fuertes llegan a modificar completamente los cauces, ya que el limo, la vegetación arrastrada y otros sedimentos en ocasiones forman bancos y albardones que taponan el curso y lo obligan a buscar otros lugares para escurrir sus aguas en su camino hacia el río Paraguay. Así se forman los típicos madrejones, lagunas creadas por estos cambios en la sinuosa carrera del agua, que en algún momento pueden volver a incorporarse al río o, tal vez, secarse. Este complejo ecosistema, tan variable, le da al suelo formoseño el impresionante dinamismo que lo caracteriza, ya que su apariencia puede cambiar significativamente de un año a otro.

Con estas condiciones, la biodiversidad es impresionante: aquí están registradas más de 500 especies de aves, la mitad del total nacional; reptiles como los yacarés negro y overo, la curiyú (una boa acuática) y la lampalagua (o boa de las vizcacheras); y grandes mamíferos  como el yaguareté, el tapir, el oso hormiguero, la corzuela parda y el carpincho. Una mención especial merece el jabirú, una especie de cigüeña de pico negro y cuello negro y rojo que llega a medir casi un metro y medio de altura; su presencia es especialmente numerosa en el bañado La Estrella, en el centro de la provincia.

El clima formoseño presenta características tropicales y subtropicales. En el verano las temperaturas pueden alcanzar los 49º C, las más altas del continente sudamericano. En invierno desciende hasta los 0º C, con algunas heladas esporádicas. Las lluvias son parejas a lo largo del año en el Este, con regímenes de hasta 1200 milímetros, mientras que en el Oeste se reducen a la mitad y se concentran en el verano, con inviernos marcadamente secos.

Esta diversidad natural también se manifiesta en su población, ya que Formosa, institucionalmente, nació heterogénea, con múltiples influencias. Poco después de aquel 8 de abril de 1879, cuando el comandante Luis Jorge Fontana fundó la ciudad capital, inmigrantes europeos fueron llegando en barco desde Buenos Aires para poblarla. En 1882, la pequeña aldea tenía  441 habitantes, en su mayoría italianos y austríacos, con algunos españoles y franceses. También se fueron asentando en el Centro Oeste las corrientes migratorias provenientes del chaco salteño. Años más tarde, algunos alemanes se instalaron en la zona de El Colorado, sobre el río Bermejo, y varias familias del Paraguay arraigaron sus vidas y destinos en el sector Nordeste, con su fuerte acervo cultural guaranítico.

Todos ellos se sumaron a los pueblos originarios, en una paulatina integración que fue consolidando el presente de Formosa.

Esta diversidad natural también se manifiesta en su población, ya que Formosa, institucionalmente, nació heterogénea, con múltiples influencias.

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